rincones
y tradiciones
Actualmente, don Fidencio produce de dos a
tres rebozos por día que se confeccionan en dos te
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lares que datan de 1950. “Me gusta hacer rebozos,
nomás que ya no puedo. Siempre, toda mi vida he
hecho rebozos, pero tuve que buscar a una persona
para que me ayude a tejer, porque mis pies ya no
aguantan... me canso muy rápido”.
A lo largo de los años, don Fidencio se ha dis
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tinguido por llevar a la práctica la receta original
que heredó de sus padres y abuelos: el famoso
rebozo “luto de aroma”, una prenda aromática,
única en su género, cuyo verdadero lujo radica en
el proceso especial de elaborado, que incluye va
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rias etapas complicadas de teñido para obtener un
negro puro.
La más laboriosa es aquella que se procesa en
una olla de barro enterrada a la que sobresale el cue
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llo para que mantenga una temperatura constante,
pero sin que reciba luz, en un área cerrada, cuando
menos por un mes. La tinta se prepara con agua, vi
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nagre, cáscara de plátano y pedacería de fierro, en la
que se le sumergen, durante dos días, las madejas de
hilo de algodón para darle firmeza al color.
Después del teñido continúa la etapa del “re
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fino”, un proceso que brinda el aroma al rebozo y
que se obtiene del cocimiento del hilo en agua con
hierbas como romero, pericón, salvia, té de monte,
pétalos de rosas de castilla, hojas y cáscaras secas
de naranja, semillas de alucema, canela, clavo, pi
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mienta y anís.